sábado, 24 de octubre de 2026

Una historia de mis lecturas (2)


¿Por qué decidí acudir, aquella mañana de sábado, a escuchar una ponencia sobre el posthumanismo? Me hice esta pregunta diez minutos antes de entrar en la sala, después de tomar un café en la Plaza de las Ranas y de echar una quiniela con la firme convicción de que todo a mi alrededor hacía presagiar buenos augurios. Al mismo tiempo me vino el comienzo de 62. Modelo para armar, de Julio Cortázar: “¿Por qué entré en el restaurante Polidor?”. Así funciona mi mente. El día anterior recibí un mensaje de mi amigo Ricardo con el programa del ciclo de conferencias Pensar después de lo humano: filosofía para un mundo en transformación, y pensé que por qué no ir. No suelo alterar mis rutinas, así que descarto cualquier actividad que me saque de ellas; los sábados por la mañana los dedico a hacer la compra y a dar un paseo por la playa. Pero intuí que el mensaje de Ricardo me invitaba a tirar los dados y salir de mi casilla, como en el juego de la Oca. No me vendría mal, por una vez, salirme de mis casillas, llevo unos años sintiendo que no avanzo mucho por el tablero de la vida: del trabajo a casa, de casa al trabajo y tiro porque me toca. A todo este batiburrillo de mi cabeza, se le unió el hecho de que una de las ponentes me había dado clases cuando estudié la carrera hace más de treinta años. Habló sobre María Zambrano y el caso es que estuve leyendo su libro El hombre y lo divino hace unos meses, en unos de los periodos de mi vida más turbulentos por razones de índole personal. El ser humano siempre ha tenido la necesidad de creer en algo que lo trasciende cuando se le hace patente su fragilidad, es el sentimiento trágico de la vida que nos describió Unamuno. La conferenciante apeló a la búsqueda de nuestra interioridad, en este tiempo en que la realidad parece tomar unos tintes cada vez más apocalípticos y me pregunté, mientras la escuchaba, qué hay en esa interioridad, en esa vida auténtica que propugnaba Heidegger. Miramos hacia adentro y nos encontramos con nuestra consciencia, que está hecha también de lo que nos sucede ahí afuera y formamos uno con este ser de infinita belleza, del que ignoro si por alguna razón o, simplemente por el azar de unos dados, nos ha tocado ser partícipes. El caso es que salí de la charla con muy buen cuerpo, dispuesto a continuar esta serie sobre la historia de mis lecturas y, completamente persuadido, de que todas las señales apuntan a que el premio de la quiniela es para mí.

domingo, 18 de octubre de 2026

Una historia de mis lecturas (1)

Tarde otoñal de domingo. Llueve, una lluvia fina, amable, que refresca el ambiente. Me digo que si soy un escritor, tengo que escribir; pero la mayor parte de mi tiempo libre lo ocupo en la lectura. Así que se me ocurre que una forma de conciliar estas dos pasiones podría ser la de escribir una historia de mis lecturas. En literatura siempre se trata de encontrar un buen comienzo y este, quizás, no sea del todo malo. Pues bien, empezaré por lo que estoy leyendo ahora mismo, una Historia de la Filosofía de Felipe Martínez Marzoa. Ya he leído otras: la de Hegel, la de Julián Marías, la de Bertrand Russell y algunas más que han caído en mis manos. En todas ellas me fascina el esfuerzo por llegar a comprender lo que somos, nuestra inmensa capacidad de observación para desgranar todos los fenómenos que moldean nuestra realidad y llegar al arjé, a la raíz de las cosas.

Una historia de la filosofía, también es una guía interminable de lecturas, en la que cada autor remite a otros en una sucesión inagotable. Así, el libro se convierte en un itinerario que transita por distintas épocas y que requiere del lector un ejercicio de contextualización histórica. De esta forma, la lectura se convierte en un viaje que nos permite contemplar, en perspectiva, cómo se ha construido el armazón teórico del pensar filosófico.

En mi caso, siempre vuelvo a la filosofía cuando me siento perdido en el presente, cuando siento, como ahora mismo, que nuestro pensamiento se ha desquiciado. Echo un vistazo a la actualidad y da la impresión de que todo este esfuerzo no ha dado sus frutos, pero sé que no es cierto, que solo nos llega el ruido. Es en el silencio de la lectura donde se puede encontrar la calma necesaria para seguir avanzando en el conocimiento de nuestro estar en el mundo y, solo así, podremos hallar soluciones para superar los retos a los que nos enfrentamos.

sábado, 16 de mayo de 2026

Desavenencias

Mi yo escritor para mí es otro, así me he relacionado siempre con él. Pues bien, aquí se halla, esperando a ver publicado su libro. Yo, sinceramente, no lo haría, me parece una molestia innecesaria, perturbar la tranquilidad de mis días ahora que he conseguido una relativa calma, un equilibrio entre el trabajo y la vida. He de decir, también, que he leído el libro y, aun respetando el trabajo y el esfuerzo invertidos, no entiendo la razón de hacerlo llegar al público. Él dice que esos textos son la expresión de su ser y solo me pide que, por un momento, sea capaz de apartarme a un lado y permitirle manifestarse. Me recuerda que él ha sido paciente conmigo, permitiéndome cumplir con todos mis propósitos y que en ningún momento me lo ha reprochado. Alude a que en mis periodos de desasosiego él me tranquilizó leyéndome alguno de sus versos, por lo que no debería resultarme del todo ajeno. Ya sé, ya sé lo que me dirán ustedes, que por qué esta dualidad, si no sería más lógico integrar ambos yoes y disfrutar de una dulce armonía. Pues les daré una respuesta: porque así debe ser, porque así ha sido siempre, porque realidad y literatura nunca podrán habitar en el mismo espacio.

domingo, 3 de mayo de 2026

Nouvelle Vague. Richard Linklater.



Esta es la magia del cine: poder asistir como espectadores al rodaje de “Al final de la escapada”. Richard Linklater nos sienta en la butaca y nos presenta a Jean-Luc Godard filmando su película, afrontando los numerosos obstáculos que le salen al paso para lograr llevar adelante su obra, desde las exigencias de un desconfiado productor, hasta el estupor con el que los miembros de su equipo reaccionan al ver sus métodos de trabajo nada convencionales. La propia protagonista, Jean Seberg, que viene de rodar bajo las órdenes de Otto Preminger, se resiste a una manera de dirigir que le resulta caótica. Sin embargo, a medida que transcurre el rodaje, todos se van contagiando de esta nueva ola de entusiasmo con la que Godard se entrega a su película. “Nouvelle Vague” me parece una alegoría de la creación artística y, en algunos momentos, he podido imaginar la emoción que debieron de sentir todos sus participantes al saber que estaban escribiendo un capítulo imprescindible de la historia del cine.

miércoles, 8 de abril de 2026

Fin de etapa

 Con “El juego de la escritura” cierro una etapa. El libro está terminado. Concibo la literatura como una experiencia vital y los textos que conforman este libro han sido escritos-vividos durante los últimos diez años; ahora, son parte de mi pasado y ya reposan en los anaqueles del tiempo. Comienza una nueva singladura, así lo percibo, y deberá escribirse en otro registro. Yo soy quien da forma a mi existencia y para ello he elegido la expresión poética. Es mi vocación, mi modo de estar en el mundo. Cada libro escrito debe ser mejor que el anterior, este es el propósito, la pasión que dirige cada uno de los trazos que le doy a mi vida. Hoy, ante mí, se extienden las páginas de un libro futuro en el que ya se perfila su primer fragmento.

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Oficio de poeta

Hay que tomarse las cosas con calma,

contemplarlas, analizarlas, 

valorarlas y sopesarlas.

Hay cosas con peso y otras, sin embargo, 

que no importan nada,

apenas ocupan espacio

en el caudal de acontecimientos

que nutren nuestra experiencia.

A mí me gusta reducir las cosas a palabras, 

trabajar la materia en el papel 

y elevarla a su expresión más bella.

Es mi manera de entender el mundo,

mi oficio de poeta.

miércoles, 4 de marzo de 2026

La escapatoria del superdeterminismo


Aún se debaten los científicos
entre el determinismo
o el libre albedrío de los sucesos,
se me antoja parecido a la clásica discusión
entre el ser inmutable y eterno de Parménides
o el devenir que todo lo cambia de Heráclito.
Leo que fue Laplace quien afirmó
que todo lo que observamos hoy
podría estar determinado por acontecimientos pasados,
en cuyo caso, mucho me temo,
debemos descartar cualquier cambio en nuestra conducta.
Yo, más bien, barajo la posibilidad
de que nuestro pensamiento siga encerrado
en la caverna platónica,
y se nos esté escapando la luz
por permanecer vueltos hacia las sombras.

Una historia de mis lecturas (2)

¿Por qué decidí acudir, aquella mañana de sábado, a escuchar una ponencia sobre el posthumanismo? Me hice esta pregunta diez minutos antes d...