Leo sobre la discusión que mantuvieron Einstein y Bohr
respecto al entrelazamiento cuántico, a saber:
dos partículas que interactuaron en el pasado
siguen en contacto aunque estén separadas,
independientemente de la distancia que exista entre ellas.
Bohr admite este resultado en términos de probabilidad,
pero Einstein afirma que Dios no juega a los dados
y que, por tanto, algo falla en el sistema.
Al parecer, Einstein perdió esta disputa,
pero no cejó en su empeño por demostrar
que su visión del mundo era la correcta.
A mí se me ocurre, a tenor de la lectura,
que quizás exista una ecuación
que nos permita igualar los dos términos en discordia,
el de lo profano y lo sagrado,
y seamos capaces, algún día,
de reconciliar nuestras diferencias.