Aquí me quedo, en el recuerdo,
puedo recorrer estas calles
con los ojos cerrados;
el colegio de párvulos de la señorita Luci,
la tienda de víveres de Juanito y Alberto,
el estanco de doña Antigüita,
la casa de José Carlos,
con el jardín donde escondíamos
los mapas del tesoro.
A dos manzanas, la casa de Gustavo,
donde vi los primeros ordenadores,
y cruzando la calle el polígono de San Cristóbal,
escenario de nuestras interminables tardes de fútbol.
Mi padre en la azotea, dirigiendo la nave
contra viento y marea,
las palomas posándose en mi ventana
como en aquel verso de Paul Valery.
Los libros que leí en mi cuarto
y que llenaron de sueños los estantes de mi imaginación.
Mi madre llamándonos para comer
el arroz con pollo de los sábados,
mi abuela María dándonos de merendar
pan y chocolate “La Vaquita”.
Aquí sigo, nunca me he ido,
estos son los cimientos
sobre los que se edifica mi historia.