lunes, 2 de noviembre de 2026

Posthumanismo

 

No sé de qué te sirvió, Descartes, la duda metódica,
hoy la gente se lo cree todo:
lo que le dicen, lo que ven, lo que oyen, todo.
Pero yo aún te sigo, tanto es así,
que dudo, en este preciso instante,
de si estoy sentado en esta terraza,
tomando una cerveza,
o, si en realidad, soy este texto
que escribe el teléfono móvil.
Me da la sensación de que este siglo XXI
ha echado toda tu teoría por tierra,
porque aquí no se piensa, Descartes,
no hay restos del cogito
y, sin embargo, se nos presume una existencia
aunque, sospecho, cada vez más precaria.
Ahora piensan las máquinas
y está la gente asustada con esto,
cuando, en realidad, si lo meditas,
es de lo más natural,
porque la inteligencia artificial es la humana
y la máquina es nuestro destino,
el siguiente nivel en la escala biológica.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Una historia de mis lecturas (3)

Me gusta cambiar de registro cuando escribo, es lo que probé en El juego de la escritura (libro aún por publicar). Hay momentos en los que necesito el verso como cauce de expresión para pensamientos y emociones que precisan del ritmo y la cadencia que les da el poema. En otros, me siento más cómodo con la prosa, pues me permite desarrollar con mayor extensión ciertas ideas. La poesía requiere descender a la raíz de la emoción porque busca la intensidad, mientras que la prosa precisa de espacios más amplios. La elección del género, siempre obedece al estado en que se encuentra el germen de la emoción que me asalta y que invoca, ante el papel, al poeta, al narrador, e incluso, en ocasiones, al filósofo. No me importa, me es indiferente, con los años voy viendo con claridad mi verdadera esencia. Soy profesor, llevo la mayor parte de mi vida dedicándome a la enseñanza y es donde, profesionalmente, he recogido los frutos más satisfactorios. He sentido el agradecimiento sincero de una gran parte de mi alumnado y, he de decir, que ha sido una actividad completamente enriquecedora. Desde muy joven se despertó en mí una infinita curiosidad por todas las ramas del saber y creo, como escuché decir una vez al poeta Ángel González, que he sido mi mejor alumno. Estoy convencido de que este es el principal requisito para ser un buen enseñante: sentir una verdadera pasión por el conocimiento y adentrarse en esta aventura tan llena de obstáculos y dificultades, pero en la que cada logro alcanzado procura inmensas satisfacciones. Estudié la carrera de Economía y el interés por esta ciencia me llevó a adentrarme en los demás campos que, necesariamente, la complementaban. El oikos nomos, la administración de la casa, es parte indisociable de nuestro estar en el mundo, de cómo nos relacionamos con nuestros semejantes y con los demás seres de nuestro entorno para poder subsistir. Aprender a gestionar nuestros recursos exige comprender lo que somos y el espacio que habitamos y compartimos con las demás especies. El estudio de la historia, del pensamiento de todas las épocas, de la evolución de la ciencia, todo ello, nos ayuda a comprender cuál es el origen de nuestras creencias y cómo se han ido adecuando a cada periodo. En perspectiva, podemos elaborar una historia de las preguntas que el ser humano se ha formulado a lo largo del tiempo y analizar si las respuestas fueron acertadas o si, quizás, aún no hemos sido capaces de formular las preguntas correctas.

sábado, 24 de octubre de 2026

Una historia de mis lecturas (2)


¿Por qué decidí acudir, aquella mañana de sábado, a escuchar una ponencia sobre el posthumanismo? Me hice esta pregunta diez minutos antes de entrar en la sala, después de tomar un café en la Plaza de las Ranas y de echar una quiniela con la firme convicción de que todo a mi alrededor hacía presagiar buenos augurios. Al mismo tiempo me vino el comienzo de 62. Modelo para armar, de Julio Cortázar: “¿Por qué entré en el restaurante Polidor?”. Así funciona mi mente. El día anterior recibí un mensaje de mi amigo Ricardo con el programa del ciclo de conferencias Pensar después de lo humano: filosofía para un mundo en transformación, y pensé que por qué no ir. No suelo alterar mis rutinas, así que descarto cualquier actividad que me saque de ellas; los sábados por la mañana los dedico a hacer la compra y a dar un paseo por la playa. Pero intuí que el mensaje de Ricardo me invitaba a tirar los dados y salir de mi casilla, como en el juego de la Oca. No me vendría mal, por una vez, salirme de mis casillas, llevo unos años sintiendo que no avanzo mucho por el tablero de la vida: del trabajo a casa, de casa al trabajo y tiro porque me toca. A todo este batiburrillo de mi cabeza, se le unió el hecho de que una de las ponentes me había dado clases cuando estudié la carrera hace más de treinta años. Habló sobre María Zambrano y el caso es que estuve leyendo su libro El hombre y lo divino hace unos meses, en unos de los periodos de mi vida más turbulentos por razones de índole personal. El ser humano siempre ha tenido la necesidad de creer en algo que lo trasciende cuando se le hace patente su fragilidad, es el sentimiento trágico de la vida que nos describió Unamuno. La conferenciante apeló a la búsqueda de nuestra interioridad, en este tiempo en que la realidad parece tomar unos tintes cada vez más apocalípticos y me pregunté, mientras la escuchaba, qué hay en esa interioridad, en esa vida auténtica que propugnaba Heidegger. Miramos hacia adentro y nos encontramos con nuestra consciencia, que está hecha también de lo que nos sucede ahí afuera y formamos uno con este ser de infinita belleza, del que ignoro si por alguna razón o, simplemente por el azar de unos dados, nos ha tocado ser partícipes. El caso es que salí de la charla con muy buen cuerpo, dispuesto a continuar esta serie sobre la historia de mis lecturas y, completamente persuadido, de que todas las señales apuntan a que el premio de la quiniela es para mí.

domingo, 18 de octubre de 2026

Una historia de mis lecturas (1)

Tarde otoñal de domingo. Llueve, una lluvia fina, amable, que refresca el ambiente. Me digo que si soy un escritor, tengo que escribir; pero la mayor parte de mi tiempo libre lo ocupo en la lectura. Así que se me ocurre que una forma de conciliar estas dos pasiones podría ser la de escribir una historia de mis lecturas. En literatura siempre se trata de encontrar un buen comienzo y este, quizás, no sea del todo malo. Pues bien, empezaré por lo que estoy leyendo ahora mismo, una Historia de la Filosofía de Felipe Martínez Marzoa. Ya he leído otras: la de Hegel, la de Julián Marías, la de Bertrand Russell y algunas más que han caído en mis manos. En todas ellas me fascina el esfuerzo por llegar a comprender lo que somos, nuestra inmensa capacidad de observación para desgranar todos los fenómenos que moldean nuestra realidad y llegar al arjé, a la raíz de las cosas.

Una historia de la filosofía, también es una guía interminable de lecturas, en la que cada autor remite a otros en una sucesión inagotable. Así, el libro se convierte en un itinerario que transita por distintas épocas y que requiere del lector un ejercicio de contextualización histórica. De esta forma, la lectura se convierte en un viaje que nos permite contemplar, en perspectiva, cómo se ha construido el armazón teórico del pensar filosófico.

En mi caso, siempre vuelvo a la filosofía cuando me siento perdido en el presente, cuando siento, como ahora mismo, que nuestro pensamiento se ha desquiciado. Echo un vistazo a la actualidad y da la impresión de que todo este esfuerzo no ha dado sus frutos, pero sé que no es cierto, que solo nos llega el ruido. Es en el silencio de la lectura donde se puede encontrar la calma necesaria para seguir avanzando en el conocimiento de nuestro estar en el mundo y, solo así, podremos hallar soluciones para superar los retos a los que nos enfrentamos.

sábado, 16 de mayo de 2026

Desavenencias

Mi yo escritor para mí es otro, así me he relacionado siempre con él. Pues bien, aquí se halla, esperando a ver publicado su libro. Yo, sinceramente, no lo haría, me parece una molestia innecesaria, perturbar la tranquilidad de mis días ahora que he conseguido una relativa calma, un equilibrio entre el trabajo y la vida. He de decir, también, que he leído el libro y, aun respetando el trabajo y el esfuerzo invertidos, no entiendo la razón de hacerlo llegar al público. Él dice que esos textos son la expresión de su ser y solo me pide que, por un momento, sea capaz de apartarme a un lado y permitirle manifestarse. Me recuerda que él ha sido paciente conmigo, permitiéndome cumplir con todos mis propósitos y que en ningún momento me lo ha reprochado. Alude a que en mis periodos de desasosiego él me tranquilizó leyéndome alguno de sus versos, por lo que no debería resultarme del todo ajeno. Ya sé, ya sé lo que me dirán ustedes, que por qué esta dualidad, si no sería más lógico integrar ambos yoes y disfrutar de una dulce armonía. Pues les daré una respuesta: porque así debe ser, porque así ha sido siempre, porque realidad y literatura nunca podrán habitar en el mismo espacio.

domingo, 3 de mayo de 2026

Nouvelle Vague. Richard Linklater.



Esta es la magia del cine: poder asistir como espectadores al rodaje de “Al final de la escapada”. Richard Linklater nos sienta en la butaca y nos presenta a Jean-Luc Godard filmando su película, afrontando los numerosos obstáculos que le salen al paso para lograr llevar adelante su obra, desde las exigencias de un desconfiado productor, hasta el estupor con el que los miembros de su equipo reaccionan al ver sus métodos de trabajo nada convencionales. La propia protagonista, Jean Seberg, que viene de rodar bajo las órdenes de Otto Preminger, se resiste a una manera de dirigir que le resulta caótica. Sin embargo, a medida que transcurre el rodaje, todos se van contagiando de esta nueva ola de entusiasmo con la que Godard se entrega a su película. “Nouvelle Vague” me parece una alegoría de la creación artística y, en algunos momentos, he podido imaginar la emoción que debieron de sentir todos sus participantes al saber que estaban escribiendo un capítulo imprescindible de la historia del cine.

miércoles, 8 de abril de 2026

Fin de etapa

 Con “El juego de la escritura” cierro una etapa. El libro está terminado. Concibo la literatura como una experiencia vital y los textos que conforman este libro han sido escritos-vividos durante los últimos diez años; ahora, son parte de mi pasado y ya reposan en los anaqueles del tiempo. Comienza una nueva singladura, así lo percibo, y deberá escribirse en otro registro. Yo soy quien da forma a mi existencia y para ello he elegido la expresión poética. Es mi vocación, mi modo de estar en el mundo. Cada libro escrito debe ser mejor que el anterior, este es el propósito, la pasión que dirige cada uno de los trazos que le doy a mi vida. Hoy, ante mí, se extienden las páginas de un libro futuro en el que ya se perfila su primer fragmento.

 

Posthumanismo

  No sé de qué te sirvió, Descartes, la duda metódica, hoy la gente se lo cree todo: lo que le dicen, lo que ven, lo que oyen, todo. Pero yo...