El juego de la escritura
miércoles, 4 de marzo de 2026
La escapatoria del superdeterminismo
Aún se debaten los científicos
entre el determinismo
o el libre albedrío de los sucesos,
se me antoja parecido a la clásica discusión
entre el ser inmutable y eterno de Parménides
o el devenir que todo lo cambia de Heráclito.
Leo que fue Laplace quien afirmó
que todo lo que observamos hoy
podría estar determinado por acontecimientos pasados,
en cuyo caso, mucho me temo,
debemos descartar cualquier cambio en nuestra conducta.
Yo, más bien, barajo la posibilidad
de que nuestro pensamiento siga encerrado
en la caverna platónica,
y se nos esté escapando la luz
por permanecer vueltos hacia las sombras.
domingo, 1 de marzo de 2026
Visiones irreconciliables
Leo sobre la discusión que mantuvieron Einstein y Bohr
respecto al entrelazamiento cuántico, a saber:
dos partículas que interactuaron en el pasado
siguen en contacto aunque estén separadas,
independientemente de la distancia que exista entre ellas.
Bohr admite este resultado en términos de probabilidad,
pero Einstein afirma que Dios no juega a los dados
y que, por tanto, algo falla en el sistema.
Al parecer, Einstein perdió esta disputa,
pero no cejó en su empeño por demostrar
que su visión del mundo era la correcta.
A mí se me ocurre, a tenor de la lectura,
que quizás exista una ecuación
que nos permita igualar los dos términos en discordia,
el de lo profano y el de lo sagrado,
y seamos capaces, algún día,
de reconciliar nuestras diferencias.
domingo, 22 de febrero de 2026
La mala fe
El
poeta es un fingidor.
Finge
tan completamente
que
hasta finge que es dolor
el
dolor que en verdad siente
Fernando Pessoa
Hay mala fe en todo esto que escribo,
la mala fe en el sentido de Sartre,
en engañarse a sí mismo.
Porque este sujeto poético no soy yo,
sino solo cosas que pienso.
No pienses tanto, me dijo un amigo,
pero sucede que cuanto más pienso más me despienso,
no sé si es válido el término,
pero al pienso luego existo
contrapongo el si despienso desaparezco.
Y así voy armando esta construcción literaria,
un yo más real que yo mismo,
una forma de estar-sin-estar-en-el-mundo.
la mala fe en el sentido de Sartre,
en engañarse a sí mismo.
Porque este sujeto poético no soy yo,
sino solo cosas que pienso.
No pienses tanto, me dijo un amigo,
pero sucede que cuanto más pienso más me despienso,
no sé si es válido el término,
pero al pienso luego existo
contrapongo el si despienso desaparezco.
Y así voy armando esta construcción literaria,
un yo más real que yo mismo,
una forma de estar-sin-estar-en-el-mundo.
miércoles, 18 de febrero de 2026
La esencia de la libertad
El tiempo no pasa,
el tiempo surge,
decía Heidegger.
Para Kant, sin embargo, el tiempo era un a priori,
y lo daba por hecho.
No sé cuál de los dos tenía razón,
los dos, supongo, ambos alcanzaron
las cimas del saber filosófico.
A mí me gusta más la concepción de Heidegger
(sí, me gusta, en filosofía,
adscribirse a una teoría es cuestión de gustos,
porque razón, no me cabe duda, la tienen todos),
Me levanto cada día y siento el peso del tiempo
en la boca de mi estómago,
a veces, hasta el punto de provocarme náuseas,
la náusea sartreana,
pero entiendo que esa es la esencia de la libertad:
el tiempo que está por hacer,
con el que construyo mis vivencias
para no perderme en la nada.
miércoles, 4 de febrero de 2026
Mi teoría
Voy a atreverme con la ontología,
que para algo ha de servirme el pensar,
soy una res cogitans, como decía Descartes,
y no hago otra cosa que pensar todo el tiempo.
Teorizo que la esencia del ser humano es la convivencia,
sin convivencia no sobreviviremos
y, entonces, no habrá devenir ni substancia
ni voluntad ni conciencia
ni trabajo ni fuerza,
porque como ya dijo Sartre,
la existencia precede a la esencia.
Por no haber no habrá ni filósofos ni filósofas
y ningún observador
con capacidad de razonamiento,
ni la cosa en sí ni la cosa aparente.
El desierto crece,
auguró Nietzsche,
aquí lo dejo.
sábado, 31 de enero de 2026
A vueltas con las esencias
Estoy trabajando en un nuevo poemario,
sí, trabajando, todo cuesta trabajo,
por eso decía Karl Marx
que la esencia del ser humano es su fuerza de trabajo.
Me gano la vida como profesor de Economía
y le explico a mi alumnado el sacrificio
que cuesta producir las cosas,
pienso que así aprenderán a respetar
el valor del esfuerzo,
el suyo y el de los otros,
para que nadie los trate como herramientas humanas.
El caso es que estoy cansado,
son ya muchos años impartiendo clases
y, si Marx no se equivocaba (que no lo creo),
mi esencia se agota,
no hay que ser muy despierto
para saber que detrás de todo esto asoma la muerte.
Así que tengo ganas de jubilarme y descansar,
aunque aún me queda un largo camino por recorrer.
Pero hoy hablábamos en el departamento
de la inteligencia artificial,
de todas las aplicaciones que están saliendo
al mercado para sustituir nuestras tareas,
y, créanme, tuve una visión esperanzadora,
al contemplar la posibilidad
de que algún día solo trabajen las máquinas
que en esencia no son nada.
lunes, 26 de enero de 2026
A vueltas con la existencia
Uno no es sino que está siendo,
dijo Heidegger,
fíjense en el juego de sutilezas
que entraña el lenguaje.
El otro día me preguntó un alumno
que para qué estudiaba sintaxis,
pues eso le dije, para saber de tu existencia.
Heidegger quiso construir una gramática para el ser,
porque, según él, el lenguaje
solo se ha ocupado de describir las cosas,
pero no la existencia;
la existencia, así, a secas,
el simple y a la vez inexplicable hecho
de existir, de estar aquí.
Yo, que necesito escribir para sentirme vivo,
me pregunto si estas letras, de algún modo,
forman parte de mi esencia,
si ser poeta es mi forma de estar en el mundo.
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