Todavía es pronto; unos
tres mil años, desde que nació el pensar filosófico, es poco, si lo ponemos en
relación con la edad del universo. Y, en este breve lapso, hemos ideado un
sinfín de teorías para explicar el fenómeno único que supone nuestra
existencia.
Seguimos escribiendo la
historia, con la intención de dar una coherencia a nuestros pasos por la
tierra, pero nos topamos con un presente en el que nuestro andar se detiene. Surgen
las dudas, miramos el horizonte en busca de una perspectiva y nos preguntamos
si hemos seguido el camino correcto o hubo, alguna vez, la posibilidad de
trazar otro destino; si tiene la historia una finalidad o no somos más que una
deriva de la materia cósmica. Y así, nuestra mente persiste en la búsqueda del
sentido, porque nuestra razón necesita certezas
para fundamentar la narrativa que nos da forma.
Pero sí, quizás es
pronto, quizás necesitemos tres o cuatro mil años más para obtener una teoría
clara del conocimiento. Sin embargo, creo que es urgente que conciliemos nuestra
visión del mundo con el respeto por la vida porque de lo contrario, no habrá
un lugar donde poner en práctica nuestras ideas.
Dicen que el Ser Humano actual tendría unos 50000 años, solo en esos últimos tres mil, tal vez cinco mil años hemos empezado a despegarnos de la naturaleza. Es poco tiempo para creer que ya no somos el mono del de que procedemos, aún faltarán otros cincuenta mil, pon tú diez mil a la velocidad a que va la cosa, para realmente hablar de una nueva especie o como se llame eso en antropología. Hagamos las cosas despacito, con prudencia, porque si no, como tú dices, no tendremos donde desarrollarnos. Yo, en el fondo, no creo que vayamos mal. A nuestra manera tres pasitos para atrás cuatro para adelante y no todas las veces, pero avanzamos.
ResponderEliminarHola, Antonio. Pienso que la esencia del ser humano es "la búsqueda del sentido". Es por eso que, ojalá, jamás lo encuentre, que nuestra civilización con sus claros y oscuros sea una permanente búsqueda de respuestas.
ResponderEliminarNo puedo imaginar qué sería de nosotros si, algún día, encontráramos ese sentido. ¿Qué vendría después? Quizá la desidia o el hartazgo.
Que los misterios sigan siéndolo por siempre.
Un abrazo!