Lo invariante del ser humano, para Husserl,
es la conciencia;
a eso llega con su método de reducción,
es lo único que queda, tras despojarnos de todo.
Más allá de la carne y los huesos está la conciencia,
que no se ve, pero que lo percibe todo,
incluso a sí misma.
Supongo, que es como la tabula rasa de Locke,
a la que, haciendo un símil más acorde con nuestros tiempos,
alguien programa y nos llena de las rutinas
y subrutinas necesarias
para ser un buen ciudadano.
Esto es lo que Husserl propone eliminar
con su método que, hoy en día, pienso,
vendría a ser como cambiar de sistema operativo.
Pero el problema no es tan fácil, porque,
que yo sepa, sistemas operativos no hay muchos
y, además, todos están diseñados siguiendo
un determinado sistema ideológico,
y si hablamos de ideologías
también van quedando pocas y poco
imaginativas, en esta era
de polarización en que vivimos.
En conclusión, que ahora que lo pienso,
puede que los programadores
estén tratando de facilitarle
la labor a nuestra conciencia, quitarle peso,
para hacernos la existencia más ligera.
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