Hace dos días que escribí el poema,
llevaba más de un año sin escribir un poema.
Me prometí no volver a escribir un poema,
¿por qué?, por el esfuerzo en balde.
Mírame aquí, ahora,
en la sala de rehabilitación del hospital,
me están dando ondas electromagnéticas
por un dolor que tengo en el hueso sacro;
parece que puede ser una fractura.
Me preguntó el médico si recordaba haberme
dado algún golpe en alguna caída,
caídas –pensé- puedo recordar unas cuantas en mi vida,
pero intuyo que no del tipo
a las que el médico se refiere;
caídas, más bien, de lo sagrado a lo profano
y viceversa.
Siempre he andado dando tumbos entre las dos esferas,
la del mundo inteligible y el sensible,
y en ninguna de ellas me he sentido cómodo.
Supongo que estas caídas también provocan fracturas,
como si se despegara el soporte
que nos mantiene firmes en esta realidad.
No sé, me preocupa que este sea el comienzo del declive
y que la caída ya no tenga fondo.
Pero en fin, este no era el tema,
decía que me había jurado no volver
a escribir un poema, por el esfuerzo en balde,
porque es complicado escribir un poema,
un poema que valga la pena,
sí, que valga la pena.
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