El tiempo no pasa,
el tiempo surge,
decía Heidegger.
Para Kant, sin embargo, el tiempo era un a priori,
y lo daba por hecho.
No sé cuál de los dos tenía razón,
los dos, supongo, ambos alcanzaron
las cimas del saber filosófico.
A mí me gusta más la concepción de Heidegger
(sí, me gusta, en filosofía,
adscribirse a una teoría es cuestión de gustos,
porque razón, no me cabe duda, la tienen todos),
Me levanto cada día y siento el peso del tiempo
en la boca de mi estómago,
a veces, hasta el punto de provocarme náuseas,
la náusea sartreana,
pero entiendo que esa es la esencia de la libertad:
el tiempo que está por hacer,
con el que construyo mis vivencias
para no perderme en la nada.
Yo no tengo problemas con el tiempo. Fluye alrededor de mí desgastándome. Eso es todo lo que sé. Dígalo Heidegger o su carpintero.
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